Viendo el mundo a través de otro lente…

Analizo otras formas de viajar, tan distintas a la mía…

No malas, o buenas, simplemente distintas.

Te analizo a ti, que ya tiraste un par de fotos, por lo que te vas del monumento habiendo visto sólo dos tercios o menos. Nunca te empapaste de su historia, ni siquiera sabes por qué es importante haber estado allí, sólo quieres un par de fotos pa’ Facebook. Quieres enseñarle al mundo que estuviste allí, aunque no sepas ni para qué. A ti que te gusta decir que visitaste 20 países, pero fue todo tan rápido, tan apresurado y tan falto de significado que lo admites: necesitas ver las fotos porque si no, no te acuerdas…

Te analizo a ti que no te gusta caminar, que prefieres ver la ciudad a través del cristal de un taxi o desde la terraza de tu hotel de lujo, ese en el que prefieres quedarte haciendo más de lo mismo, en vez de salir a perderte en las calles llenas de personas, experiencias y misterios por descubrir…

Y es que le tienes miedo a la gente. Tanto, que prefieres encerrarte en tu mundo de turista y no compartir con las personas que el universo pueda poner en tu camino. ¿Cómo sabrás lo que es crecer con la experiencia si no logras conectar con gente distinta? ¿Cómo lograrás saborear cosas nuevas, obtener anécdotas inolvidables, conocer distintos modos de vida y todo lo que traiga el camino? ¿Cómo, si no te equivocas, si no te pierdes, si no sales a respirar la ciudad, a verdaderamente vivirla? ¿Qué vas a contar (además de que fuiste aquí y allá), los vasos de cerveza que te diste mientras cenabas con vista al mar? ¿Cuán cara te costó la comida porque no saliste de la zona turística?

Tienes más fotos de tragos que con nuevos conocidos y el alcohol en tu sangre no te permite aprovechar el tiempo al día siguiente. Al final, quedan los borrosos recuerdos de una buena borrachera o de una innecesaria pelea, pero perdiste tiempo, dinero y la oportunidad de sacarle el jugo al lugar donde quizá, lo más probable, es que no vuelvas a estar…

Te analizo a ti. Y te pregunto: ¿qué vale más? ¿Emborracharte en el Sahara al son de reggaetón o amanecerte admirando la Luna llena más impresionante de tu vida mientras escuchas las historias del nómada que fuma hachís a tu lado? ¿Tener un itinerario tan estricto y apretado que se convierta en una carga y no un disfrute o tener la libertad de añadir más días si te enamoró la ciudad? ¿Dedicarle más tiempo a beber? ¿Conformarte con ver desde afuera la Sagrada Familia o entrar y tener la experiencia que te enseña por qué Gaudí era un auténtico genio de la arquitectura y por qué ésta estructura es probablemente la más importante de Barcelona y más? ¿Qué pesa más, los recuerdos borrosos de una noche de jangueo o haberte comido el plato local y que resultara ser el sándwich más sabroso que has probado en tu vida?

Me pregunto si de haber viajado así, tendría abiertas las puertas que tengo en Portugal, Polonia, Italia, Bruselas, Alemania, Brasil, España y Canadá… ¡Y las que faltan!

Analizo otras formas de viajar, tan distintas a las mías…

No sé si malas, o buenas… simplemente distintas.

Sólo sé, que si no fuera por mi manera de viajar, jamás hubiese tenido esta vista. Mi más bello amanecer, trepada en la tercera duna de arena más grande del mundo… Piénsalo.

Amanecer Sahara

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